“Arte final 2.016”

Aunque el título que conceptualiza esta muestra de pinturas y esculturas, “Arte final 2.016”, organizada por la Galería R Q de Villa de Cura, proceda, en ganado prestigio, del lenguaje de las artes gráficas, para esta ocasión se tomará para connotar la finalización de un ciclo, para sugerir la culminación imaginaria de un hecho concreto que pasa por el movimiento de traslación, o lo que es igual, que pasa por el hecho de captar las tantas vueltas que realiza la tierra a través del tiempo infinito alrededor del Sol. Se toma como la concreción de un hecho concreto que es la elaboración artística. Indica que la obra está culminada ya está lista para ser expuesta. Esa es la idea que adquiere, una noción que la vincule con esta exposición.

 

Por ello aquí se inserta deliberadamente “Arte final 2.016”, no para hablar in extenso del Dios Cronos, a quien se le hacía honor con la celebración de la cosecha, pero sí para significar que los creadores del arte también se juntan para festejar su frutos, entre otras cosas, para la convivencia de los días presentes con el gracias a la vida constantemente por delante, ya que nos ha dado tanto. Se encuentran en Villa de Cura, para compartir y hasta para confrontar, en prospectiva y en sentido positivo,  el trabajo plástico de este último año que aún transcurre.

 

Para esta primera ocasión “Arte final 2.016” (la idea es que cada fin de año tenga lugar en la Galería RQ, una muestra colectiva) se ha convocado a siete renombrados artistas venezolanos de diferentes tendencias en el arte para que expongan ante el respetado público aragüeño y del centro del país algunas de sus pinturas procesadas durante los días del año 2.016,  son ellos: SAÚL FERNÁNDEZ,EUGENIO MARTÍNEZ, JOSÉ LUGO,  ADELIS GONZÁLEZ,HERNÁN MORENORAMÓN BELISARIO y ROLANDO QUERO.

 

En esta perspectiva, los trabajos que presenta SAÚL FERNÁNDEZ para  “Arte final 2.016”, son producto de su desarrollo creativo alcanzado, sobre todo, a lo largo de estos últimos cinco años, en los cuales se ha dedicado con ahínco a la actividad plástica, alcanzando con esa perseverancia una personalidad artística interesante y hasta atrayente por la destreza con que resuelve en el lienzo el problema principal de todo artista a la hora de pintar, y que no es otra cosa que la composición de la obra. Destaca en él, no sólo la habilidad con que selecciona y estampa los colores, también resalta su impecable sincronía. En eso Isaac Newton, era categórico cuando afirmaba: “el color está en nosotros”.  SAÚL FERNÁNDEZ, es diestro en el manejo del color y de la perspectiva; al igual que en el ritmo que le imprime a cada una de las figuras representadas en sus pinturas en esta su etapa de sólida madurez artística recordándonos, por momentos, las máscaras trágicas romanas. “Las máscaras son un sentimiento”, exterioriza el artista. Representan en su pintura, además, lo social, lo religioso, el rito como tributo al Universo, a lo desconocido; hay en ellas elementos satíricos y de hilaridad sardónica.  Sus máscaras son arte urbano en el lienzo. El inconsciente colectivo está reflejado en las máscaras de SAÚL FERNÁNDEZ  que también son un elogio a Erasmo de Rotterdam, a la locura misma, a nosotros mismos, porque… ¿qué sería de la vida sin una mínima gota de locura?

 

En cuanto a EUGENIO MARTÍNEZ,  hay opiniones consensuadas: nació para la pintura. Y si la vida está presente desde el momento de la concepción, en Eugenio Martínez, el arte, que es su vida, está habitándolo desde los días más inocentes de su infancia. Creció en Montalbán, otrora zona de naranjos dulces del Estado Carabobo; allí captó el mundo maravilloso que ahora reproduce en sus pinturas que él mismo define como biologías fantásticas. Este artista asumió con imaginación desbordada y con una meticulosidad admirable la simbolización de las naranjas en sus telas, ese cítrico que tanto sacia nuestra sed y nos restablece la vida. EUGENIO MARTÍNEZ, no es que pinte naturalezas muertas; no, pero sí que predomina en sus pinturas lo sensual y la magia que la naturaleza posee por sí sola, y con ella, reproduce ante nuestros ojos la derivación infinita del micro cosmos. Hace del fruto, cuyo color la nombra, representaciones sensuales sublimadas en dimensiones extraordinarias. Con algo de inspiración onírica y de realismo ilusionista daliniano se adentra en su obra plástica con la imaginación del pincel más allá de la epidermis de cera y de la cáscara protectora,  para plasmar cuidadosamente de erotismo los hollejos, albedos y vesículas que se encuentran dentro de la naranja. A la lucidez del compromiso que EUGENIO MARTÍNEZ, tiene con el arte,   se le suma su búsqueda existencial y humana cuando explora integralmente en la naturaleza las virtudes que esta posee. Hoy por hoy, EUGENIO MARTÍNEZ, se cuenta entre los artistas carabobeños que ha conquistado por la particularidad de su obra, una bien ganada proyección nacional e internacional.

 

No estará demás afirmar aquí que DAGOBERTO BECERRIT, practica muy bien el juego de la luz y de la sombra en su obra de acento constructivista; tiene el tacto para adentrarnos en la expansión visual que abarcan sus esculturas geométricas. El espectador también forma  parte de la obra de  DAGOBERTO BECERRIT, ya que participa con su movimiento frente a sus figuras de metal. De la posición que se asuma ante una de sus esculturas, el ojo humano, experimentará múltiples sensaciones; sentirá, por ejemplo el fulgor de los rayos estelares que como flechas caprichosas recorren el espacio infinito, radiaciones éstas que se introducen en sus piezas para alcanzar nuestro campo visual. DAGOBERTO BECERRIT, se acoge a la Ley universal de la armonía en el arte y la naturaleza. La sencillez de su obra tiene asiento en la precisión de los acabados que descienden de la geometría elemental rectilínea que asemejan representaciones precisas, algo simples, que por momentos apreciamos como variedades de tejidos naturales. Su lenguaje minimalista ya le ha ganado un nombre como escultor. Sus figuras son días de nunca acabar, noches en movimiento. Captar la luminosidad y raptarla para la fecundación de sus policromías artísticas son un ejerció  cotidiano de este forjador singular de formas abstractas. DAGOBERTO BECERRIT, crea a partir de sus esculturas efectos ópticos sin descuidar los estados de ánimo del espectador, la claridad que poseen sus objetos construidos, dan como resultado una presentación artística donde el espacio no tiene jerarquía aparente, se lo da quien lo observa. DAGOBERTO BECERRIT, se emparenta con los músicos de jazz modernos que improvisan sobre secuencias o progresiones de acordes, aunque la armonía no está despojada del todo.

 

 

Por su parte,  JOSÉ LUGOes habiente de un estilo espontáneo, fresco, abundante en lirismo; usa  formas que expresan hondos sentimientos personales y hay en sus trazos líneas de fuga que rememoran la inocencia pueril, tema recurrente de la pintura naif. Aflora en sus matices la atmosfera del trópico, lo religioso y lo espiritual de manera desarrollada. Hizo del Cristo amarillo de Paul Gauguin, un Cristo amarillo de JOSÉ LUGO; de igual forma le ha rendido tributo a Miguel Ángel, a la música, obras que le han valido el elogio de varios críticos de arte. Su trabajo artístico ha sido premiado en distintos salones de pinturas y frecuentemente “el fruto de sus faenas” es aceptado en las diferentes confrontaciones artísticas de nuestro país. Una intensa presencia de rostros es registrada con vehemencia en la pintura de JOSÉ LUGO; son fisonomías de personajes auténticos que brotan como por arte de magia de su inventiva, como quedó puesto de manifiesto en “Multitudes”, una de sus últimas exposiciones individuales. En la representación de sus figuras y siluetas, coexisten vivamente aspectos del postimpresionismo y de la nueva figuración, a las que les imprime ciertos elementos imbuidos de una asonante musicalidad. La estimulación creativa es patente en JOSÉ LUGO, quien ilumina sus obras, principalmente, valiéndose del color azul, que puede ser intenso o vibrante, correspondiendo de puntos saturados con el rojo y el amarillo. Sensibilidad y coherencia confluyen en la pintura de JOSÉ LUGOexpresiones éstas que se aglutinan en un equilibrio extraordinario y fructuosamente interesante.

 

En lo que concierne a la ejecutoria plástica del artista viajero ADELIS GONZÁLEZ CAMPOS, quien ya anda en la década de los años de no equivocarse, estamos en presencia de un pintor que hace poesía en sus lienzos. Su obra se enmarca dentro de la llamada figuración poética, expresión ésta que tanto le gustaba al maestro  Héctor Poleo. Sus pinturas son los versos del alma de un poeta peregrino que recorre con sus pinturas las distancias de la esplendorosa geografía venezolana mostrándolas por todas partes, al tiempo que alimenta su inspiración de artista del pincel. Dibujante no hay lienzo que se quede en blanco porque ADELIS GONZÁLEZ CAMPOS, los hace pintura al andar. Dibuja y recrea sus telas ubicándose más allá de la representación perceptual de los objetos y de las cosas que forja su creatividad bucólica. Allá va el poeta por los pueblos atrapando realidades para procurarles en sus bastidores una buena dosis de fe y esperanza; haciendo todo lo que tiene que hacer para conquistar el mejor mundo posible. Frente al caballete ADELIS GONZÁLEZ CAMPOS,  que por momentos pareciera emular a Joaquín Torres García, prácticamente es un físico espinosista, puesto que capta e ilustra en el plano, aún sin color, la ley de igualdad que actúa entre el ángulo de la incidencia y el ángulo de la reflexión. De allí que las pinturas de ADELIS GONZÁLEZ CAMPOS, contengan y abarquen la simetría del cuerpo y del alma, es decir,  la proporción del movimiento y el de la quietud o del reposo de los cuerpos simples o compuestos.

                                                                     

Por su parte HERNÁN MORENO, es un artista creador de figuras ideales, muchas de las cuales habitan en cada uno de nosotros y que en él encuentran una vía particular de expresión artística. Despliega su obra con la filosofía propia del constructivismo plástico, nutriéndose de las otras corrientes cercanas como el cubismo, el futurismo, el suprematismo y el dadaísmo. A cada obra suya le imprime una resolución palpitante con un acertado tacto matemático. En sus esculturas podemos observar la materialización de lo que Mondrian llamó generalización de la noción geométrica de la perpendicularidad, elemento que facilita distinguir rápidamente su habilidad  para combinar la línea horizontal que le aporta sensación de reposo a cada una de sus piezas; al igual que la línea vertical que le aportan el aplomo y la seguridad; elementos, por lo demás, útiles, para que los ritmos permanezcan en estado latente, potencial. En el universo de HERNÁN MORENO,  el atrevimiento, juega una gran importancia, lo que le permite acertar con el color y obtener como resultado una nueva forma de ser la belleza. La obra de HERNÁN MORENO es producto de un trabajo reflexivo y realizada con un cuidadoso esmero Hoy por hoy, HERNÁN MORENO, es un artista que sabe expresar su esencia humana, en un idioma visual propio, con el código básico de la abstracción geométrica, y con una actitud estética por delante, en los que el orden resalta como belleza y el trabajo como juego, como libre juego de la imaginación, en donde los objetos en movimiento se multiplican y a la vez se distorsionan como vibraciones a través del espacio.

 

Con toda seguridad para RAMÓN BELISARIO, el resurgir de la mirada lo coloca en una posición privilegiada hacia los nuevos caminos del color, de la luz y la forma. Su concepción del arte es filosófica y por lo tanto audaz. Pintor humanista, poseedor de una capacidad visionaria del tiempo del arte, como nadie; de allí que su planteamiento pictórico creador jamás haya sido esquivo, al contrario, ha sido un artista militante de la rebeldía durante toda su vida. Indócil ante las injusticias de la sociedad, por eso se atreve a cuestionarla sin temor de que su obra le guste o no al público y a la crítica. La satisfacción de un artista también viene dada por la capacidad con que éste asuma el impulso de renovación, el cual nace y crece todos los días en el interior de la consciencia. En su obra RAMÓN BELISARIO aplica con maestría los ritmos lineales y todas las combinaciones probables de la línea y el punto. En relación a lo formal, tiene maestría buscando y encontrando las semejanzas y las diferencias de las cosas; con respecto a lo cromático, es diligente cuando recurre a los grados de saturación de los tonos suaves y efusivos. Su pintura tiene un sello personal, ya que usa con acierto impecable los colores fríos y los matices cálidos. RAMÓN BELISARIO, extrae personajes y lugares de lo mejor de la literatura latinoamericana y universal y los hace suyos, para luego mostrárnoslos en su obra, visibilizados en su exacta condición humana y en las dimensiones del realismo mágico. Tiene un trabajo investigativo sobre la historia de Venezuela. RAMÓN BELISARIO, pinta a Bolívar, a Sucre, a Manuela, a Boves, a los héroes y antihéroes de la Patria Grande; a Beralfiro el caballo de Rolando, a Pegaso, a los caballos chinos, a los caballitos del tiovivo o carrusel del circo. De la misma manera alienta el impulso de la sociedad del futuro, ya que en su pintura se arroga posiciones de criticidad al presentarnos, no sólo el mundo al revés, con su locura; sino, además, la extravagancia de lo absurdo y de la estupidez humana.

 

 

Ni que decir de ROLANDO QUERO,  quien logra con unos pocos elementos el prodigio de la abstracción mística, y con ella, una obra plástica de elevado valor artístico. La pintura de un creador como ROLANDO QUERO se puede emparentar, muy bien, con cualquiera de las sinfonías de Beethoven, ya que consigue con templada maestría lo que todo artista aspira: armonizar la composición, tanto en la forma, como en el movimiento y sobre todo en el color.  La creación pictórica de ROLANDO QUERO se asemeja al sonido de un arpa con cuerdas de metal y evoca de igual manera el Sol Rojo de Joan Miró. La cosmogonía de nuestros pueblos, la nocturnidad con todos sus secretos y silencios, está presente en su obra; expresiones estas que derivan de la madurez en la utilización del color, el cual aplica uniformemente y sin interrupción cromática, de allí la fraternidad de los elementos. Sus pinturas son variables timbradas de valor histórico, terrenal y planetario; alcanza lo telúrico que asemejan dimensiones siderales dando origen a la ascensión del movimiento perpetuo. Sin duda, estamos ante una obra sofisticada de gran calidad, que nos permite seguir y comprender desde la pintura, y al unísono de la marcha del tiempo, la historia misma. Su obra transmite la fuerza con la que a lo largo de su vida se ha sostenido frente a todas las graves contingencias. En la pintura de ROLANDO QUERO, los trazos son envolventes, marcadamente gestuales, eso se observa cuando aplica el misterioso negro abrazado de azules, de rojos y de verdes; con estos rasgos cargados de inserciones neutras sus telas adquieren brillantez y profundidad. ROLANDO QUERO, pinta discutiendo consigo mismo frente a sus cuadros hasta que el magnetismo de una mancha lo atrapa y ahí lo deja trepidando entre las líneas de fuga que se esparcen en todas las direcciones. Y como el objeto creado no se impone jamás, él mismo es un testimonio ético, que disfruta al máximo su creación solitaria e independiente. .

 

 

Cierto, con todo lo dicho, en esta muestra, “Arte final 2.016”, se da la correspondencia lógica entre varias manifestaciones del arte pictórico: geometría, abstracción, nueva figuración; perspectivas expresionistas, constructivistas, poesía y literatura visual. No vuelve atrás el tiempo. Sigue la vida. “Comiendo una naranja el mundo cambia”, afirma Octavio Paz. El yo ideal tumultuoso siempre quiso sobrevivir a la necesidad de crecer y aunque todos los artistas que participan de esta exposición continúen en el remanso de la mitad de la vida donde cada uno puede irse a su casa a dormir y soñar, han preferido asomarse a la ventana del caos para potenciar sus deseos de vivir porque aún la melodía triunfal no ha sonado.

En virtud las similitudes y a pesar de las diferencias lógicas que deben existir en cada una de las composiciones que la inventiva particularizada de SAÚL FERNÁNDEZEUGENIO MARTÍNEZ, DAGOBERTO BECERRIT, JOSÉ LUGO,  ADELIS GONZÁLEZHERNÁN MORENORAMÓN BELISARIO y ROLANDO QUERO, nos manifiestan en “Arte final 2.016”; en esta muestra todo se comunica y transfigura para comulgar como en un puente de latidos, como en una ceremonia colectiva en la que el rito consiste en rendirle tributo al arte como el alfa y el omega de los artistas; homenaje y deferencia a los creadores vivos y desaparecidos, quienes han dejado, y dejan, constancia viva, presente, del enérgico testimonio humano de que la historia lejos de terminar apenas comienza.

 

Isrrael Sotillo, periodista.