Autopistas: una oportunidad urbanística para innovar

Carolina Zambrano

Las autopistas y puentes representan uno de los símbolos más emblemáticos de cualquier ciudad. Ellas ofrecen espacios reales de comunicación y movilidad que contribuyen a crear tejidos urbanos para la interacción de sus habitantes en los diferentes ámbitos de la vida pública. A través de las autopistas se tejen acciones y relaciones tipo social, cultural y económico que a su vez definen el crecimiento, desarrollo y organización de cada centro urbano.

Los seres humanos en su afán de innovar han creado distintas propuestas de vialidad que han roto con los modelos a los que hemos estado acostumbrados. Por ejemplo, en la Carretera del Atlántico, en Noruega, sus habitantes crearon lo que ha sido considerada la construcción más importante de esa nación, el Puente de Storseisundet. Este puente inaugurado en 1989 es el mayor de ocho de ellos que conforman la carretera del Atlántico; mide 260 metros de distancia y 23 metros de altura, y es denominado “puente en ménsula”, por ser poseedor de la técnica de volados sucesivos que se construyen a partir de pilas o pilones, agregando tramos parciales que se sostienen de un tramo anterior.

Otro ejemplo de innovación es la red de Autopistas Elevadas de Tokyo, en Japón, una construcción erigida sobre grandes pilares de más de 30 metros de altura que atraviesan a una de las metrópolis con mayor población en el mundo. Esta vialidad fue construida con la finalidad de resolver el problema de espacio que aquejaba a la ciudad.

El Viaducto de Millau es el puente más alto del mundo con 343 metros y unos 2.5 km de distancia; es el que conforma la carretera que conecta a Paris de Barcelona, y es en la actualidad una de las obras más atractivas de la región. Norman Foster es el arquitecto británico que en el 2001 ideó esta construcción con el objetivo de descongestionar el tráfico de la región de Millau.

 

Alemania posee una de las redes viales más importantes del primer mundo. Las denominadas Autoban conforman una red de autopistas que prescinden de sistemas de peajes y no poseen límite general de velocidad, debido a que esta se fija dependiendo de las condiciones del tráfico, la luz, el clima y hasta de las características propias del vehículo. Es uno de los mejores ejemplos de vialidad en el mundo por su avanzada señalización y óptimo estado de superficie.

En Europa, específicamente en Holanda, también se han ideado las autopistas inteligentes, cuya principal filosofía consiste en desarrollar redes viales que contribuyan el ahorro energético de las grandes urbes. Entre las ventajas de estas autopistas destaca el uso de distintos tipos de pintura fotosensible para iluminar la vía sin necesidad de usar electricidad, ni pigmentos químicos para elaborar símbolos informativos en el pavimento. Otra de las características de estas autopistas sustentables es la inclusión de turbinas de viento generadoras de energía y carriles de recarga de baterías. Una alternativa que contribuye a solventar los problemas de abastecimiento energético de muchas naciones.

Esta es apenas una muestra de los ejemplos de vialidad en el mundo que sobresale por su innovación y que forman parte de los desarrollos urbanos propios de países desarrollados.