Comer sano sin renunciar al dulce

Si eres de las que no perdonan un postre dulce, es posible que a veces no puedas evitar los remordimientos. Son como el diablillo perverso de la conciencia: porciones de brownie, donuts, profiteroles y tartas ostentosas que te dicen bajito al oído “¡cómeme!”. Y lo peor es que sabes que un solo bocado va a arruinar en un microsegundo tu dieta saludable y tus sesiones de sentadillas. ¿Merece realmente la pena ese placer instantáneo lleno de calorías? De vez en cuando, claro que sí. Pero los postres cargados de azúcar, grasas y calorías no son algo que deberíamos tomar todos los días.

Si aun así el cuerpo te pide dulce, abre tu mente. Les mostramos recetas súper ricas y fáciles de hacer y con las que no vas a echar nada nada de menos las bombas calóricas:

Brochetas de frutas con chocolate negro

Elige varias frutas de las que tienen menos calorías, como fresas, patilla, piña y melón. Lava las fresas, pela el resto, trocéalas en taquitos y pínchalas en un palillo de brocheta. Aparte, trocea una tableta de chocolate negro –con un mínimo de 85% de cacao puro– y caliéntalo a fuego lento con un poco de leche desnatada removiendo con una cuchara de madera. Cubre las brochetas con un poco de la salsa de chocolate o pon la salsa en un envase para que cada uno moje la fruta, en plan fondue.

Helado de patilla

Pela y trocea la patilla y quítale las pepitas. Échala en un vaso de batidora junto a ½ vaso de leche desnatada, un yogur desnatado y dos cucharadas de panela. Bátelo todo hasta que se mezcle bien, échalo en un bol y mételo en el congelador. Si lo quieres como helado cremoso, deja que se congele unas horas y bátelo; vuelve a congelar y vuelve a batir… (así varias veces hasta que quede una crema. Tendrás que prepararlo el día antes). Sírvelo en un envase con un barquillo. También puedes dejar que se congele y luego picarlo para hacer un granizado. En este caso, sírvelo en copa alta con unas hojas de hierbabuena.