Los libros abiertos de la Biblioteca Nacional de Francia

Dominique Perrault tenía menos de 40 años cuando se consagró entre 244 candidatos de todo el mundo. El concurso tenía como premio ser el arquitecto elegido para construir la Biblioteca Nacional de Francia. Todo un intento del entonces presidente François Mitterrand, de revolucionar arquitectónicamente París. Proyectos de la talla del Instituto del Mundo Árabe y la Pirámide del Louvre, son algunas de las piezas que nacieron a la par de la Biblioteca Nacional. Son diseños que, definitivamente, se caracterizan por su aspecto innovador y fresco.

Crédito: Pinterest
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Probablemente una meta que pudiera pasar por inalcanzable, de no ser por las grandes figuras que materializaron el cometido. En este sentido vale la pena comparar las obras que componen el circuito de monumentos modernos de las décadas de los 80 y los 90. Sin dejar de tomar en cuenta, claro está, la hermosura de las edificaciones parisinas ya establecidas. El joven Perrault pudo con ese desafío y más: se encargó de crear una de las bibliotecas más impactantes del mundo.

Los cuatro centinelas de las letras

La obra se levantó a orillas del río Sena, símbolo por antonomasia de la capital francesa. La BnF, como suele abreviarse, constituye una de las grandes estructuras que se alzaron por aquel entonces. Es un lugar que comulga salas de lectura con millones de libros publicados en el país. Tal y como se contempla en una ley de 1537, que aún permanece vigente. La fachada transparente de los edificios permite apreciar desde lejos la enorme cantidad de ejemplares que resguarda la biblioteca. La disposición es clave: los libros van arriba y las salas de lectura en la base de las edificaciones.

Crédito: Pinterest
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Pero el concepto no solo se reduce al valor de los volúmenes que alberga. También lo demuestran las cuatro torres que conforman la estructura. Se dividen en torre de los tiempos, de las leyes, de los números y de las cartas. Cada una simula ser un libro abierto, en ángulos de perfectos 90°. Desde cualquier punto que se aprecien los edificios, no puede visualizarse solo uno. Existe una omnipresencia de torres que se hace más evidente a medida que se busca darle la vuelta a las gigantes de 80 metros de alto. Siempre están, siempre evidentes.

El pulmón de los edificios

No contento con ser el mayor depósito de libros de Francia, la Biblioteca Nacional de Francia se vanagloria por su delicada arquitectura. El cristal traslúcido no puede más que otorgarle ligereza a la rigidez de los ángulos rectos que forman los libros abiertos de par en par. Pero más allá de resguardar las letras, los edificios, o más bien, las salas de lectura, tienen como corazón a un pulmón verde de unos 20 metros de profundidad.

Crédito: Pinterest
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Se trata de un jardín-bosque cerrado que se ubica justo en el medio de las construcciones. En los 10.000 metros que abarca el área verde, hacen vida decenas de pinos silvestres y demás especies florales. Es, además, el centro de la parcela desde donde se levantan las cuatro torres. Cada cual ingeniosamente depuesta en las esquinas del terreno rectangular de unos 340×170 metros de extensión.

Fuente: www.plataformaarquitectura.cl y www.disenoyarquitectura.net