Papúa en Nueva Guinea un auténtico lugar para vacacionar

Tierras altas del sur. Foto: cortesía

Papúa en Nueva Guinea un auténtico lugar para vacacionar. Playas rodeadas de coral, humeantes volcanes y montes tapizados de selva tropical, junto con aldeas tradicionales e islas tropicales, componen una remota e inolvidable escapada de aventura.

La gran belleza natural y complejas culturas de Papúa en Nueva Guinea ofrecen experiencias fascinantes de afirmación de la vida, así como un exigente viaje. Culturas de altiplano, fiestas alocadas, excelente submarinismo, el célebre Sendero de Kokoda y una relativa escasez de turistas lo convierten en uno de los destinos más enigmáticos del Pacífico.

Es una región variopinta, en parte debido a su topografía. El terreno montañoso se ha diversificado de dos formas: las apartadas Tierras Altas albergan fauna y flora autóctona, y en las cordilleras las especies varían a medida que se gana altitud.

Bajo la superficie hay un bello mundo submarino y numerosos restos de naufragios de la II Guerra Mundial. Para hacerse una idea de las fascinantes culturas tribales, lo mejor es viajar a los altiplanos, las remotas provincias isleñas o las islas Trobriand. Este país ofrece un viaje auténtico, no unas relajadas vacaciones en un resort.

Imprescindibles

Submarinismo

Es uno de los mejores destinos, con una irresistible oferta de tesoros submarinos: seductores arrecifes con grandes gorgonias; cálidas aguas llenas de extrañas criaturas multicolores; inquietantes pendientes que se hunden en el abismo, y pecios de la II Guerra Mundial, todo ello unido a la emoción de sumergirse en zonas casi vacías. Las mejores están en Madang, la isla Loloata, Tufi y la bahía de Milne; varios resorts sirven de idílica entrada a la aventura submarina. Para llegar a puntos más remotos y vírgenes, lo mejor es una embarcación equipada para alojarse a bordo.

Festivales

El carnaval de Río no es comparable al esplendor de cualquiera de ellos. Los mayores, como el de Goroka de mediados de septiembre, son pura sobrecarga sensorial, con grandes tocados de plumas, susurrantes faldas de hierba y pintura en rostros y cuerpos que adornan a muchos participantes –más de 100 grupos tribales según el último recuento– de toda la región. Los grupos de singsing interpretan canciones y bailes tradicionales en este gran espectáculo rebosante de orgullo. La emoción de ver cara a cara culturas tradicionales tan ricas es indescriptible y justifica el viaje.

Rabaul

Una de las ciudades más bellas del Pacífico Sur, fue arrasada por la erupción del monte Tavurvur en 1994 , que enterró gran parte de su territorio bajo ceniza volcánica. Hoy el viajero puede recorrer las calles abandonadas y apocalípticas de esta antaño próspera comunidad, y aventurarse aún más lejos. Entre sus alicientes destaca la isla Matupit, con su pueblo de buscadores de huevos de talégalos, hacer submarinismo entre los pecios de Simpson Harbour y echar la mirada atrás en los inquietantes búnkeres de la II Guerra Mundial ocultos en las laderas. Hay buenas vistas, sobre todo desde las cimas de los volcanes.

Ruta del monte Wilhelm

Las escarpadas crestas de la cordillera de Bismarck culminan en este monte erosionado por el viento, el pico más alto de Oceanía. Los senderistas parten antes del amanecer y ascienden sus rocosas laderas para ver las costas norte y sur antes de que surjan las nubes. Además, los viajeros más curtidos pueden medir su temple enfrentándose a la ruta del Gato Negro, de infausta memoria.

Cortesía- Adhara Ojeda/ construarte.com.ve